La Boqueria

El sol oblicuo se impone en los ánimos de la gente y en el ritmo del tiempo. La mañana del sábado invernal está luminosa y limpia, el frío es nuevo aunque ya es avanzado enero, cosas del cambio climático. El río de gente que son las Ramblas de Barcelona no se detiene, y para cruzarlo hay que unirse a él por unos metros. A mano derecha, si uno baja hacia el mar, aparece metida entre la primera fila de edificios la estructura metálica del Mercat de la Boqueria, emblema barcelonés. El más tradicional y visitado de la ciudad, su fachada sencilla no anticipa el mundo intenso que vive dentro, ni la extensa historia de la que es consecuencia.

Historia móvil

Es cierto que el conocimiento de los orígenes del Mercat es difuso; sabemos que por los siglos XII y XIII, las ciudades vivían y crecían en torno a los mercados, que proveían a sus habitantes de lo necesario para la vida moderna de aquel entonces. El inicio del Mercat de la Boquería se dio entonces en las Ramblas, la calle ancha que bajaba al mar en la antigua ciudad, y que hoy es camino inevitable de los turistas y la mayoría de los barceloneses. A medida que la que alguna vez fue la romana Barcino iba creciendo en extensión y en población, también lo hizo en nivel económico, sobre todo en la clase privilegiada, que a menudo trae consigo la pretensión social. Un día, las Rkamblas se transformaron en un paseo y el mercado dejó de ser bien mirado por la gente bienmirante. Comenzó entonces a moverse por toda la ciudad, hoy aquí y mañana allá, siempre lejos del ya paseo principal de Barcelona, ya fuera por visitas reales, ya por la necesidad que impuso su propio crecimiento. En 1835 ardieron muchos conventos de la ciudad, al fuego de la revolución liberal, entre ellos el de Sant Josep, situado al costado de las Ramblas, a medio camino del mar y la actual Plaza Catalunya. Años después, limpios los solares de sus restos, Barcelona ganó en plazas lo que había perdido en iglesias, y el Mercat de la Boquería encontró un emplazamiento casi natural, junto al original, y al mismo tiempo fuera del paseo. Hoy el mercado conserva algunas de las reformas que entonces se hicieron, con la idea luego desechada de dedicar una plaza al Trabajo. El arquitecto de esta construcción del mercado fue Mas Vilà, y el trabajo de construcción se inició el día de San José de 1840.

Inmersión sensorial

Si uno entra por la puerta de las Ramblas lo primero que se impone a la mirada son dos puestos, uno de frutas y otro de dulces, que llenan de colores el espacio. Las paradas del mercado son especialmente cuidadosas en la presentación del producto y a menudo se encuentran meritorias combinaciones de formas y colores, a partir de la natural materia prima de pomelos, uvas y manzanas. Esta idea estética, que no excluye aromas de frutas y especias de todo el mundo, se repite en todos los negocios, con todos los elementos, desde el prestigio de los vinos del Priorat hasta la modestia del bacalao salado.

Acaso en parte por esta razón, la Boquería es centro de atracción turística, es común ver grupos fotografiando los rincones del mercado, pero también un lugar donde los vecinos desarrollan su vida cotidiana, y hasta donde se acercan desde todos los barrios a vivir su tradición o a buscar productos que sólo en él se encuentran.

Especializado en productos de la tierra, el mercado es el más grande de España y el de mayor oferta alimentaria, con más de 300 paradas repartidas en sus once pasillos, la mayoría de ellas atendidas por la tercera o cuarta generación de comerciantes del mercado.

Protagonistas cotidianos de la vida del barrio barcelonés más activo, muchos de sus vendedores han llegado a convertirse en auténticos personajes de la ciudad. Esto se sabe preguntando por la historia de la Moños, una puestera de la Boquería que en los años 30 protagonizó una sonada historia de amor con un hijo de la burguesía catalana, de la que aún hoy hay cronistas entusiastas.

A guisa de testimonio, mencionaremos que el mercado cuenta con paradas dedicadas a las conservas, los aceites, legumbres, cereales, especies, bombones, chocolates, libros, souvenirs, licores, bolsos, bancos, cajeros, oficinas, panaderías, frutos secos, y las   famosas floristerías de la Rambla que, aunque se encuentren fuera del predio actual del mercado, sobre el mismo paseo, forman parte de la Boqueria.

Llegados al medio del mercado, aparecen las pescaderías, la más importante está en la rotonda central, una construcción con reminiscencias de Gaudí. El pescado forma parte de la dieta mediterránea y son muy numerosos los platos que se preparan en este país recostado sobre el mar. El mercado lo refleja: entre pesca fresca, pesca congelada y pesca salada existen más de cincuenta paradas.

Para reponerse de un día ajetreado o de una súbita tentación, la Boqueria cuenta con pequeños bares, a modo de paradas, donde se puede comer sentado a la barra, y que son tal vez los establecimientos que más renombre han conseguido, ofrecen platos de la llamada ‘cocina catalana de mercado’, con las circunstancias a favor. Trascienden el barrio y la ciudad las famas de los callos del Quim y el cap i pota del Pinotxo, con sobrado merecimiento ambos.

Latinoamérica en esencias

La Boqueria es desde siempre el lugar donde buscar lo que no se encuentra en ningún otro comercio de la ciudad, pero desde los primeros años de esta década han aumentado notoriamente las paradas dedicadas a los productos latinoamericanos, frescos y envasados. Desde frijoles negros hasta yuca y alfajores, son varios los puestos que ofrecen apaciguar la nostalgia acercando el gusto del otro lado del mar. En cuanto a los argentinos residentes en Barcelona, saben desde hace décadas que la Boqueria es proveedor seguro de los cortes nacionales, que en la mayoría de las carnicerías catalanas no se encuentran, y de buena carne vacuna: generalmente de animales de los alrededores de Girona, el vacío, la tira y los chorizos criollos son los que más salida tienen. Las de Garriga y Blai son las paradas pioneras ofrecer cortes de la res al estilo agentino, aunque en los últimos años fueron sumándose algunos puestos más, al punto de conseguir que ese tipo de cortes sea consumido con cierta regularidad en hogares catalanes.

Futuro en Europa

Como la mayoría de las instituciones, los mercados de Barcelona miran hacia Europa, y con esa idea, el año pasado la Boqueria firmó un hermanamiento con el Borough Market, el mercado cubierto más antiguo de Londres. El objetivo principal del acuerdo es el asesoramiento mutuo en materia de gestión y servicios, e incluye el interés de ambos mercados en el desarrollo de EMPORION, la Asociación Europea de Mercados.

A nivel local, la Boqueria es parte de la red Mercats de Barcelona, una entidad que agrupa a todos los mercados de la ciudad, coordina sus servicios y garantiza la calidad de productos y atención, según explica el presidente del Mercat de la Boqueria, Sr. Francesc Puigdomènech. Entre las actividades que organiza el mercado, destacan los cursos y talleres de cocina para niños, que se organizan desde hace cinco años con la idea de difundir el placer de recrear los alimentos y la curiosidad y sensibilidad hacia ellos. Una actividad que ha logrado una extraordinaria aceptación entre los chicos que participan, y entre sus padres.

Aún contando la belleza proverbial belleza de Barcelona, con la casi necesidad de conocer la solidez del Modernismo, el asombro de Gaudí y la complicidad del mar, el viajero que pasara por aquí haría bien en reservarse una mañana para visitar con calma el monumento vivo que es el Mercat de Sant Josep, la Boqueria.

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